Es extraño lo fácil que cambian los sentimientos de las personas y no sólo me refiero a relaciones sentimentales, sino también, sociales de todo tipo. Es irónico, inexplicable y totalmente ridículo ese tipo de amores o amistades sin fin , en los que se hacen planes futuros, o se juran amor eterno. Que ni pasado un mes de haberse conocido ya son almas gemelas , tal para cual, una para la otra , y que oígase bien, nada ni nadie las separará...hasta la muerte. Bueno , eso es lo que dicen.
Ese tipo de relaciones son hasta interesantes, pero lo que tienen de chévere lo tienen de efímero, porque no duran nada. Es decir, se da todo tan rápido, se dicen cosas que en realidad no se sienten en los momentos menos indicados, que después cuando alguno de los dos ya está bien “encarretado” , ahora resulta que al otro se le acabó el sentimiento, se le desgastó el corazón y quiere tomar por otros rumbos. Claro está , porque se dan cuenta que eso de las almas gemelas no existe , el príncipe azul se convirtió en sapo y , en mi caso, no estoy dispuesta a ser la rana de charco que acompañe a aquél personaje de cuentos infantiles en su cruda y triste soledad.
En conclusión , este tipo de relaciones se basa en el egoísmo, en satisfacerse uno mismo y que el otro vea que hace. Si en realidad la sociedad entendiera el poder de un “te amo” , o incluso, de decir “me gustas”, las cosas serían diferentes. Cada palabra, cada gesto, cada hecho ,tiene un significado y habla por sí mismo, y es por esta razón que tienen un poder tan grande , como el poder de una bomba atómica…tienen el poder de enamorar, hacer reir , llorar y hasta rabiar. Dice Paulo Coelho que no hay hombre más cobarde que el que enamora a una mujer para no amarla.